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Siete cambios que produce la meditación en el cerebro

La meditación no es una panacea, pero hay numerosas pruebas de que hace algún bien a quien la practica regularmente

 

De algunos años a la fecha, no han dejado de aumentar las investigaciones sobre los efectos de la meditación en el cerebro y casi cada semana se publican estudios nuevos para ilustrar beneficios recién descubiertos de la meditación o, mejor, beneficios antiguos que apenas ahora se confirman con imágenes de resonancia magnética o electrocardiogramas.

 

La meditación parece tener una sorprendente variedad de beneficios neurológicos, como cambios en el volumen de la materia gris, reducción de las zonas cerebrales del “yo” o refuerzo de las conexiones entre regiones cerebrales.

 

A continuación revisaremos algunos de los estudios más interesantes que se han publicado en estos años y mostraremos que la meditación produce cambios detectables en nuestro órgano más importante. Desde luego, los escépticos pueden preguntarse cuál es la ventaja de unos cambios cerebrales si no se ejemplifican simultáneamente los efectos psicológicos. Afortunadamente, también de esos efectos hay muchas pruebas y en los estudios se indica que la meditación alivia nuestros niveles subjetivos de ansiedad y depresión y mejora la atención, la concentración y el bienestar psicológico general. 

 

La meditación retarda el envejecimiento del cerebro

Hace poco se publicó un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles en el que se indica que el cerebro de quienes han meditado durante mucho tiempo se conserva mejor conforme envejecen. Los participantes que habían meditado un promedio de 20 años tenían mayor volumen de materia gris y aunque los de más edad presentaban algunas pérdidas en comparación con los jóvenes, no eran tan graves como en los participantes que no meditaban. “Esperábamos efectos menores y localizados en las regiones que se han asociado con la meditación —dijo el autor del estudio, Florian Kurth—, en cambio, lo que observamos fue un efecto difundido que abarcó regiones de todo el cerebro”.

 

La meditación reduce la actividad del centro del yo

En uno de los estudios más interesantes de los últimos años, realizado en la Universidad de Yale, se vio que la meditación concentrada disminuye la actividad de la red neuronal por defecto (RND), la red del cerebro en la que se producen las divagaciones mentales y los pensamientos autorreferenciales, y que algunos llaman la “mente del mono”. La RND está activa cuando no pensamos en nada en particular, cuando la mente salta de un pensamiento a otro. Como esta divagación es característica de estados de infelicidad, de darle vueltas a las cosas y de preocuparse por el pasado y el futuro, la meta de mucha gente es aminorar su actividad. En varios estudios se ha mostrado que esto se logra con meditación por su efecto de apaciguamiento de la RND. Aunque la mente vuelva a divagar, por haber formado nuevas conexiones, los meditadores recuperan el control más rápidamente.

 

Sus efectos rivalizan con los antidepresivos y los ansiolíticos

En una revisión efectuada el año pasado en la Universidad Johns Hopkins se examinó la capacidad de la meditación concentrada para reducir los síntomas de depresión, ansiedad y dolor. El investigador Madhav Goyal y su equipo encontraron que la magnitud del efecto fue moderada, de 0.3. Suena a poco, pero recordemos que la magnitud del efecto de los antidepresivos es también de 0.3, de modo que el efecto de la meditación es bastante bueno. La meditación es una forma de entrenamiento del cerebro. “Muchos tienen la idea de que meditar significa sentarse a no hacer nada —dice Goyal—, pero no es así. La meditación es un entrenamiento activo de la mente para intensificar la conciencia y hay diversos programas de meditación que abordan este objetivo desde ángulos distintos”. La meditación no es una bala mágica contra la depresión (ningún tratamiento lo es), pero funciona como una herramienta para ayudar a manejar los síntomas.

 

La meditación produce cambios de volumen en zonas importantes del cerebro

En 2011, Sara Lazar y su equipo en Harvard descubrieron que la meditación concentrada puede cambiar la estructura del cerebro. Vieron que un programa de ocho semanas de reducción del estrés con meditación aumentó el grosor de la corteza del hipocampo, que rige el aprendizaje y la memoria, y de ciertas zonas que cumplen funciones en la regulación de las emociones y el procesamiento autorreferencial. También se redujo el volumen celular del cuerpo amigdalino, donde se procesan el miedo, la ansiedad y el estrés. Estos cambios concordaron con los informes de los participantes sobre sus niveles de estrés, lo que indica que la meditación no solo modifica el cerebro, sino que también altera la percepción subjetiva y los sentimientos. De hecho, en un estudio de seguimiento Lazar y su equipo vieron que cuando los participantes aprendían a meditar, esos cambios cerebrales relacionados con el estado de ánimo y de alerta se vincularon también con una mejoría en la percepción propia de los participantes, es decir, en su bienestar psicológico. Así, pese a quienes dicen que activar algunos segmentos cerebrales no necesariamente significa algo, parecería que la meditación también cambia nuestra experiencia subjetiva de estar de mejor ánimo y sentir más bienestar.

 

Pocos días de aprendizaje refuerzan la concentración y la atención

Los problemas para concentrarse no son cuestión meramente infantil, pues también aquejan a millones de adultos, tengan o no diagnóstico de deficiencia de atención. Un dato interesante, aunque no causa ninguna sorpresa, es que uno de los principales beneficios de meditar es que se mejora la atención y la concentración. En un estudio reciente se vio que con apenas un par de semanas de aprendizaje, la concentración y la memoria de los participantes mejoró en la sección de razonamiento verbal del examen estandarizado de admisión a los posgrados de las universidades estadounidenses. De hecho, la calificación aumentó el equivalente a 16 puntos porcentuales, una cifra nada despreciable. Como uno de los objetivos centrales de meditar es enfocar la atención (en un objeto, una idea o una actividad), no causa extrañeza saber que la meditación fomenta las actividades cognoscitivas de las personas en el trabajo, pero es satisfactorio que la ciencia lo confirme. Además, a cualquiera le viene bien la ayuda adicional en los exámenes estandarizados.

 

La meditación reduce la ansiedad general y la ansiedad social

Muchas personas empiezan a meditar por sus beneficios para reducir el estrés y abundan las pruebas que lo justifican. Hay un nuevo género de meditación, como dijimos arriba, la reducción del estrés con meditación, creada por Jon Kabat-Zinn, del Centro para la Concientización de la Universidad de Massachusetts (el programa se ha extendido a todo Estados Unidos), que tiene el objetivo de reducir el nivel de estrés físico y mental. En diversos estudios se han mostrado los beneficios de reducir la ansiedad, incluso años después del curso inicial de ocho semanas. Igualmente, en las investigaciones se ha visto que la meditación concentrada, a diferencia de únicamente prestar atención a la respiración, reduce la ansiedad y este cambio está mediado por las regiones cerebrales asociadas con los pensamientos autorreferenciales (los pensamientos centrados en el yo). Se ha visto también que la meditación concentrada ayuda a las personas con trastorno de ansiedad social: un equipo de la Universidad de Stanford descubrió que esta variante de reducción del estrés con meditación suscita cambios en las partes del cerebro que se ocupan de la atención y de aliviar los síntomas de la ansiedad social.

 

La meditación ayuda con las adicciones

En cada vez más estudios se comprueba que, dados los efectos de la meditación en las regiones cerebrales que controlan el yo, puede ser muy eficaz para ayudar a la gente a recuperarse de diversas adicciones. Por ejemplo, en un estudio se comparó el aprendizaje de la meditación con el programa para tabaquistas de la Asociación Estadounidense de Neumología y se descubrió que las personas que aprenden a meditar tienen muchas más probabilidades de dejar de fumar al final del aprendizaje, y de persistir sin fumar en diecisiete semanas de seguimiento, que quienes siguen el tratamiento convencional. Esto puede deberse a que la meditación ayuda a la gente a “desacoplar” la sensación de abstinencia de la actividad de fumar, de modo que la primera no tenga que llevar a la segunda, y a concentrarse en experimentar y sobrellevar por completo la “oleada” del deseo intenso de la nicotina, hasta que desaparezca. En otras investigaciones se ha encontrado que aprender a meditar, la terapia cognoscitiva con meditación y la prevención de recaídas basada en la meditación son útiles para tratar otras adicciones.

 

Momentos breves de meditación ayudan a los niños en la escuela

La meditación ofrece al cerebro que está en desarrollo tanto o más incluso que al cerebro adulto. Hay un creciente interés entre pedagogos e investigadores por enseñar meditación y yoga a los niños que enfrentan las tensiones habituales de la escuela y, muchas veces, otros estresores y traumatismos de fuera de las aulas. En algunas instituciones han comenzado a introducir la meditación a los programas diarios, con buenos efectos: en un distrito de San Francisco iniciaron un programa de meditación dos veces al día en escuelas de alto riesgo. El resultado fue que se redujeron los reprobados y mejoraron las calificaciones y la asistencia. En los estudios se han confirmado los beneficios cognoscitivos y emocionales de la meditación para los escolares, pero se requiere trabajar más para que reciba una aceptación general.

 

¿Vale la pena intentarlo?

La meditación no es una panacea, pero hay numerosas pruebas de que hace algún bien a quien la practica regularmente. Lo mismo los medios de comunicación que la clase política o las grandes empresas privadas están incorporando la meditación a sus horarios. Los beneficios parecen sentirse con poco tiempo de práctica. Algunos investigadores han advertido que la meditación puede tener efectos perjudiciales en ciertas circunstancias (el llamado “fenómeno de la noche oscura”), pero para la mayoría de las personas, especialmente con la guía de un buen maestro, no es dañina, sino benéfica. Sin duda que vale la pena probarla. Si tiene usted unos minutos por la mañana o la noche, en lugar de encender el celular o conectarse a internet, vea lo que pasa si trata de aquietar su mente o, por lo menos, de prestar atención a sus pensamientos y dejar que discurran sin reaccionar a ellos. Si las investigaciones están en lo correcto, unos minutos de meditación pueden marcar una gran diferencia.

 

 

Por Alice G. Walton en Forbes

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