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Suicidio: ‘El día en que mi corazón se partió a la mitad’

El 15 de julio de 2012 "¿Donde esta tu papá? Pensaba que estaba arriba, pero no está", dijo mi madre, que acababa de llegar a casa después del trabajo. "Ha de estar trabajando, supongo,

El 15 de julio de 2012

¿Donde esta tu papá? Pensaba que estaba arriba, pero no está“, dijo mi madre, que acababa de llegar a casa después del trabajo.

Ha de estar trabajando, supongo, no lo he visto en todo el día.” Contesté, con indiferencia. Yo había estado en casa todo el día, viendo la televisión en pijama, ya que no me sentía muy bien. Eran las 17:00.

Pero su coche está en el garaje“, dijo mamá.

Mi corazón sintió un pequeño jalón, como si estuviera en una montaña rusa. Algo andaba mal.

 

El 16 de julio de 2012

Mi padre planeó todos los detalles de su suicidio. Llevaba una carta para nosotros, en una bolsa de plástico, en caso de que se pudiera mojar en su bolsillo, y tenía su licencia con él, para que su cuerpo pudiera ser identificado. Él quería que fuera lo más sencillo posible. Un gesto considerado… pero imposible.

Perder a alguien por suicidio es una de las situaciones más difíciles que alguien tendría que soportar.

Mi padre fue encontrado en un parque, a pocos kilómetros de nuestra casa.

 

Ese día se dirigió al parque; mientras lo hacía, daba aviso a la policía a través de una carta del lugar detallado dónde estaría su cuerpo, en caso de que no lo encontráramos. Ese pequeño gesto es una muestra de lo mucho que se preocupaba por mi madre, por mi hermana mayor, por su marido y por mí. Él no quería que sintiéramos angustia por no encontrarlo.

Se hizo un pequeño refugio con lonas en una zona llena de arbustos en la parte trasera y abandonada del parque. Solo llevaba una botella de agua y una taza. Se sentó en el suelo en su pequeña cabaña, se quitó la chaqueta y la puso en el suelo. Y eso fue todo.

 

Cuando le cuento a la gente que mi padre se quitó la vida, me siento culpable. Culpable por compartir de forma repentina este triste pedazo de información al que las personas no están preparadas para escuchar. He tratado con la pérdida y el dolor y, a pesar de eso, todavía estoy en duelo y siempre lo estaré. Pero esta persona a la que le he contado todo esto, simplemente no conoce ese dolor y yo acabo de escupírselo todo en la casa. Naturalmente ellos sienten que tienen que consolarme o piensan que espero que actúen de determinada manera, pero sólo tienen pocos segundos para digerir esta información y no tienen idea de qué decir.

Pero ese es el estigma del suicidio: de la ley, porque es ilegal; de los medios de comunicación, porque informan que el suicidio ‘es para los cobardes’.

 

¿Por qué me siento culpable de expresar abiertamente el hecho de que mi padre se mató? Pasa porque el suicidio es un tema tabú y muchas personas nunca han hablado de ello, por lo que no saben cómo tocar el tema cuando aparece.

La culpa que siento al hablar sobre el suicidio de mi padre me da rabia. Si me siento culpable de simplemente hablar sobre el suicidio, pienso en lo difícil que debe ser para alguien que está considerando el suicidio, hablar con alguien.

 

El suicidio debe ser abordado abiertamente, para que los niños, adolescentes, adultos y personas de edad avanzada sepan que no están solos cuando empiezan a sentir los dedos fríos y oscuros de la depresión dando vueltas alrededor de su mente.

vía stuff nation

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