Home / Testimonios  / Si estás leyendo estas líneas es porque estás buscando ayuda

Si estás leyendo estas líneas es porque estás buscando ayuda

Cristina Villanueva Aznar, fundadora de la fundación, amante de la naturaleza, habla de lo natural que es buscar ayuda.

Si estás leyendo estas líneas es porque estás buscando ayuda (tal vez para ti, tal vez para alguien más). Escribo este testimonio porque espero que mi experiencia pueda serte útil. Escribo este testimonio porque la depresión es una enfermedad que puede ser mortal si no es tratada a tiempo. Escribo este testimonio porque tengo la esperanza de que romper el silencio asociado a las enfermedades mentales nos ayude a no sentirnos solos y nos motive a buscar la ayuda que necesitamos.

Me llamo Cris, y creo que mucha gente me considera alegre y positiva. La gente que me conoce bien también sabe que tengo ciertos momentos de obscuridad. En mi familia (tanto por parte de mi mamá como por parte de mi papá) hay varios casos de depresión mayor y hemos sufrido, en ambas familias, el impacto del suicidio. Estos eventos ciertamente han cambiado nuestros puntos de referencia tanto a nivel familiar como a nivel personal. Para mí, desde hace muchos años, han implicado priorizar siempre mi salud mental y emocional a través del apoyo de una terapia profesional. Hoy quiero compartir la importancia que este tipo de ayuda ha tenido en mi vida los últimos 6 meses.

 

IMG_8241IMG_8748

Hace dos años perdimos a mi tío Fernando por una depresión mayor que terminó en suicidio. Unos meses antes diagnosticaron a mi mamá con cáncer, y casi al mismo tiempo empecé una de las relaciones que más impacto han tenido en mi vida. Siento que la conjunción de estos eventos tan importantes me dividió por dentro. Cuando uno experimenta una tristeza que fragmenta, es muy fácil perderse. Poco a poco una relación maravillosa se convirtió en una constante tormenta en donde con el paso de las semanas y los meses me fui erosionando. Empecé primero a comer mucho más y a dejar de ir a caminar todas las mañanas. Poco a poco me alejé de mis amigos. Un día me pinté el pelo de güero (no se veía bien, en serio). Perdí interés en mi trabajo, el cual ha sido mi pasión de toda la vida. No dormía bien. Todo (y TODOS) me irritaban. Lloraba casi todos los días y todos los días libraba batallas internas (trata de sonreír, termina este documento, manda ese mail, no te pelees, no te comas esos takis fuego, esto está mal, qué está pasando…). Todos los días las perdía.

 

Un día en el que logré sumar toda la valentía que pude, terminé con mi relación. Me acuerdo de estar sentada en mi cama con completa conciencia de que tenía mil cosas por las cuales estar agradecida: una casa, un gatito, familia, amigos que quiero y admiro, un trabajo que me gusta, todas mis necesidades cubiertas. Y no sentí nada. Ni agradecimiento, ni felicidad, ni enojo, ni nada. Sólo un enorme vacío, una absoluta falta de luz. Fue entonces que me espanté, hablé con una amiga a la que le pedí consejo y quien me recomendó una terapeuta y ya, sin nada más que perder, hice una cita.

 

He tenido muchas primeras citas con diferentes terapeutas. Las primeras citas siempre son un caos que no tiene pies ni cabeza porque salen historias amontonadas, reflexiones, detalles insignificantes y se siente poquito como si uno inundara el consultorio. Tuve la suerte de que esta terapeuta y yo nos entendimos bien y empezamos un proceso. Nunca voy a olvidar sus palabras “Cris, tenemos que tratar esto porque estás en el umbral de una depresión”. Gracias a que sé lo que eso significa supe que esas palabras me las tenía que tomar muy en serio. Con mucha paciencia, empezamos a trabajar. Yo veo el rol de un terapeuta o un psicólogo o un psiquiatra o un psicoanalista como el de un coach. El trabajo lo haces tú, pero hay alguien que te guía, alguien que no está en el campo de juego y que puede ver de forma objetiva que está pasando, puede escuchar y que puede aconsejar, siempre teniendo como prioridad tu bienestar. Encontrar al coach ideal toma tiempo a veces, pero es muy importante recordar que aunque tengamos al mejor coach, el trabajo es de uno y hay que hacerlo porque nadie lo va a hacer por nosotros.

 

Después de un par de meses empecé a sentirme un poco más animada. Los hábitos que de repente llegaron (fumar, cenar pizzas, ver Netflix hasta las 2 de la mañana, tomar casi todas las noches una cerveza o una copa de vino y llorar mientras oía “Azul” de Agustín Lara en repeat 1) empezaron a desaparecer. Un día dejé de fumar. Un día cené una ensalada. Ya no se me antojaba una cerveza. Un día me levanté y fui a caminar por la primera vez en 6 meses. Después empecé a comer bien. Regresé a mi peso. Me pinté el pelo de nuevo, esta vez de mi color natural. Empecé a reconectarme con mis amigos. Y un día, por fin, me sentí agradecida. Estaba en una carne asada, riendo y fue automático: “Gracias por mi casa, por mi gato, por mi familia, por mis amigos, por mi trabajo y porque no me falta nada”. Hay luz.

 

Esta experiencia me sirvió para recordar que una depresión no requiere de un cambio de actitud, ni de ser positivo, ni de echarle ganas. Tu familia y amigos sólo pueden darte apoyo y amor. Para salir de una depresión necesitas dos cosas en realidad: identificar que algo no marcha bien y buscar ayuda profesional. Uno puede darse cuenta cuando algo interno está cambiando. Este cambio tiende a ser gradual pero puede durar meses y hasta años. No te esperes. Si algo sientes diferente,

busca ayuda.

IMG_8191

 

Esta ayuda es crítica para saltar esa primera barda y poco a poco puedes recuperar las fuerzas. Recuperarse toma tiempo y es duro, pero las cosas pueden ser diferentes. No estás solo. Si estás leyendo estas líneas es porque estás buscando ayuda (tal vez para ti, tal vez para alguien más) y eso es el paso más importante que vas a tomar en este proceso.

 

Por favor atrévete a darlo.

Nosotros queremos ser tu roca.

Aquí estamos.

NO COMMENTS

POST A COMMENT