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Consejos para tus antidepresivos

Vanessa Quinlan McChrystal

Hace poco me preguntaron cuál era mi opinión sobre los antidepresivos. Se trataba de una persona que había comenzado un tratamiento hacía dos semanas y se estaba sintiendo peor. Me entristece que no se apoye ni se informe bien a la gente sobre cómo va a sentirse al empezar a tomar antidepresivos. Uno no se siente mejor de inmediato. Después de la consulta con el médico es cuando más se necesita apoyo, cuidados y afecto, pero lamentablemente no todos lo saben.

Me di cuenta de que más gente tiene que enterarse, así que puse por escrito mi consejo.

 

En esta nota me ocupo de lo que hay que decir a quien toma antidepresivos por primera vez, pero no se le dice. En este mundo hay muchísimas personas hundidas en la depresión o la ansiedad. Uno de los pasos más difíciles es aceptar que no te sientes bien, hablar francamente con el médico y pedir ayuda. Si ya lo hiciste, has hecho muy bien. Quien no ha pasado por esto, no entiende cabalmente cuánta fuerza se requiere para sacar una cita con el doctor y decir abiertamente cómo te sientes. Es el primer paso, y ya lo has dado.

 

Las personas deberían recibir más apoyo en esos momentos. Deben explicarse todos los aspectos de la atención médica y debe darse toda la información por escrito, para que la persona se la lleve a casa y la asimile. Además, puede darla a leer a sus familiares y amigos. Cónyuges, amigos y otros seres queridos también necesitan apoyo. Tienen que saber qué le ocurre a una persona que aman y cómo pueden ayudar.

 

Algunos médicos son excelentes y otros muy malos. Así pasa con todas las enfermedades, no solo las mentales. Si te toca un médico insensible que nada más te entrega el medicamento sin ninguna empatía, no lo tomes como algo personal: es más bien un reflejo de su falta de educación.

También pasa que familiares, amigos y compañeros de trabajo piensan que ya está todo resuelto si fuiste con el médico y te recetó. Así no son las cosas de ninguna manera. Tener en las manos la primera caja de tabletas no cura instantáneamente.

 

Al iniciar el tratamiento con antidepresivos, a veces resulta que todos los demás se vuelven de repente expertos en salud mental y te explican lo malos que son los antidepresivos. No siempre. Estos medicamentos han devuelto la felicidad a muchas personas. ¡No estás solo!

El mejor consejo que puede darse a quien sufre depresión y empieza a tomar medicamentos es que acepte que no se encuentra bien y que se conceda tiempo para sanar. No va a ser rápido, así que estás en esto para un largo trecho. Entre tanto, es de lo más conveniente suspender todas las decisiones importantes: necesitas concentrarte en ti.

¿Cuándo me sentiré lo suficientemente bien para volver a trabajar? ¿Cuándo se despejará la nube? ¿Volveré a sentirme “normal”? En mi opinión, no tienes por qué inquietarte con estas preguntas al principio. Más bien, debes enfocarte en descansar y recuperarte.

Si tuvieras gripe, ¿te levantarías, te vestirías y funcionarías como siempre? Nunca nos presionamos con expectativas poco realistas tratándose de enfermedades “reales”, pero con la depresión y la ansiedad queremos saltar de la cama, alistarnos y seguir adelante con la vida.

 

En las primeras semanas, apunta a metas y objetivos mínimos, como bañarte y tratar de dormir. Recuerda que tienes que darle tiempo a tu cuerpo para que sane.

Cuando empiezas a tomar un medicamento, puede ser que te sientas mal las primeras semanas. Es normal. Tienes que dejar que tu cuerpo se adapte al nuevo equilibrio del medicamento. Dale tiempo. No es como tomar un analgésico. Puede afectar tus hábitos de sueño, puede causar somnolencia o náuseas. En los primeros días, quizá convenga tomar batidos de reemplazo de comidas para que te alimentes.

Durante los primeros meses, imagínate como una oruga o un capullo, que descansas y te preparas para resurgir. Es importante que no dejes de decirte que todo es pasajero y que volverás a tener días buenos. Conserva ese pensamiento y no dejes que escape, pues en esta época la mente juega trucos y te hace sentir que si no te alivias al instante, eres un fracaso.

 

Es importante la comunicación en esta etapa. Los seres amados se sienten rechazados y quieren ayudar. Quieren hablar, pero si hablar te agota, escríbanse pequeños mensajes. Recurre a cualquier método para expresarte y aclárales que a veces, cuando guardas silencio, te estás curando y necesitas esa tranquilidad.

También puede ser que quieras hablar y seguir hablando. Está bien.

Acepta que los quehaceres y los pasatiempos pueden convertirse en obstáculos, y, por ejemplo, tratar de relajarte leyendo pudiera ser una causa de gran estrés. Está bien. Lee fragmentos breves y toma notas, para que no se te pierda la trama.

 

No tengas miedo de pedirle al médico más apoyo en esta época. Para eso está. Tampoco creas que la única atención consiste en una tableta; no es así. Los medicamentos son una pieza del rompecabezas que es recuperar la salud.

Por el momento, basta que te permitas respirar y sanar.

Visita al médico cuantas veces lo necesites, para eso está. Haz una cita con la enfermera para hablar más acerca del medicamento e incluso pide que te remitan con un nutriólogo para tratar de tu alimentación. Pregunta si hay grupos de apoyo en la zona donde vives, pues es bueno conversar con quienes están en la misma situación. No te sientas solo. Hay millones de personas como tú y hay muchas formas de atención y cuidados para apoyarte y ayudarte.

Cariños y abrazos.

Nota del director: Consulte al médico antes de iniciar o suspender un medicamento.

 

 

Fuente:

The Advice No One Tells You After You Start Antidepressants

 

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