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Esto está pasando el 28 de octubre del 2015

Por: Jimena Villanueva Aznar.

Por: Jimena Villanueva Aznar.

 

Esto está pasando el 28 de octubre del 2015, y no es algo nuevo para nosotros…
Doctor: ‘¡Pero es que es otra! No puedo creer que sea la misma persona que la que vi hace una semana.’
Yo: ‘Créalo Doctor.’

La verdad es que mi hermana y yo tenemos una teoría: una vez más hubo intento de suicidio.

Hace diez años me fui a estudiar la carrera fuera de México; teniendo una hermana grande que tampoco estudió en el D.F., dejamos viviendo sola a mi mamá.

Un día estaba en casa de una amiga, cuando recibí una llamada de mi mamá llorando porque estaba en el hospital. Yo no entendía por qué lloraba, si para nosotros era normal que la hubieran internado, ya que sufre de piedras en los riñones cada 6 meses. Algo no estaba bien.

Me faltaban los exámenes finales de mi último semestre, por lo que mi familia decidió no decirme inmediatamente lo que pasó, ya que me hubiera querido regresar a México y no me hubiera graduado. Por fin regresé. Ya me habían dicho lo que había pasado, pero no había mucha claridad: mi mamá se intentó suicidar. Yo necesitaba saber los hechos, el minuto a minuto, para ver si lograba entender qué y por qué. Por las piezas de información que fui recolectando de diferentes personas, esto fue lo que pasó:

Todos los sábados iba un señor a casa de mi mamá a ayudarle a hacer cosas de la casa. Uno de esos sábados no la vio en todo el tiempo que estuvo. Tocaba en su cuarto y no recibía respuesta. Pensó que la señora no quería ser molestada, por lo que no insistió. Una semana más tarde, al siguiente sábado, pasó lo mismo. Pero esta vez hubo algo diferente: mi tía tuvo un mal presentimiento. Habló con el señor y le pidió que por favor la despertara. No lo logró. Mi tía le transmitió su preocupación a mi tío, quien fue a casa de mi mamá a ver qué estaba pasando. La encontró inconsciente y con una carta dirigida a él: su nota de suicidio. La llevó al hospital y la internaron.

Estuvo en el hospital psiquiátrico un mes, con terapia de grupo y terapia de electroshocks (que arcáico, ¿no?. Me lo imagino exactamente como una de las escenas finales de ‘Requiem por un sueño’. Desde entonces no la he podido ver). A partir de este suceso (como lo llamamos entre la familia), he hecho un análisis de cómo ha sido mi mamá toda mi vida, y el resultado es algo muy triste que me persigue cada vez que me detengo a pensarlo: mi mamá siempre ha tenido depresión.

Lo que para nosotros en su momento era algo tan normal como respirar, ahora lo veo como un comportamiento preocupante el cual nadie veía; estábamos amenazadas con contar lo que pasaba dentro de nuestra casa. También creo que por el tabú sobre el tema, no estábamos informados lo suficiente para reconocer comportamientos depresivos; tampoco entendíamos que sí es una enfermedad que tiene cura… si se llega a tratar. Hoy en día, tenemos claridad absoluta que mi mamá sufre de depresión, que necesita tratamiento de antidepresivos y terapia con un psiquiatra.

En lo personal, he tenido que trabajar muchísimo emocionalmente. Mi experiencia ha sido que el tipo de depresión que ella tiene hace que se convierta en una arena movediza: si dejas que te atrape, te hunde con ella. He tenido que poner mis límites, algo con lo que no todos están de acuerdo; pero sin ellos, no podría tener una salud mental. Sin la cual no contaría con las herramientas necesarias para ayudarla.
Sé hasta dónde puedo con este paquete, y cuándo es tiempo de pedir ayuda. Espero que ese día no llegue.

Me encantaría tener la fórmula para decirles qué se tiene que hacer en una situación similar, pero no la tengo. Sólo he sabido sobrevivir. Lo que quiero comunicarles con mi historia es que también hay que aprender a reconocer nuestros propios límites. Sin ellos podemos perder claridad de la situación y no ser tan útiles como quisiéramos o podríamos.
Lo importante es estar bien con uno mismo para ayudar en lo que sea posible.

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