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Depresión y recaída

El caer no existe para romper, el caer existe para replantear y seguir.

La lección de las contrariedades.

Las recaídas son una realidad. Si la depresión regresa, aprovéchala para aprender estrategias de manejo.

 

Pasaste por una depresión. Te sientes “otra vez normal” durante semanas, meses y quizá años. Luego, los temibles síntomas regresan, poco a poco o de golpe, y te encuentras de nuevo en ese lugar oscuro que pensabas que había quedado atrás.

Si has conservado la salud mental durante algún tiempo, es frustrante y da miedo enfrentar una recaída. Pero la vida es impredecible y está llena de obstáculos que amenazan el bienestar, así que aceptar que las recaídas ocurren pueden ser el primer paso para combatir la desesperación. Con esperanza y planeación, tienes lo que necesitas para superar el nuevo acceso.

Piénsalo de esta manera: ya tuviste progresos y volverás a tenerlos. Posiblemente, la primera vez saliste con un conocimiento personal más profundo y mejores armas para evitar la depresión.

 

“Creo que hay que ver las recaídas como una oportunidad de crecimiento e introspección, que son armas muy importantes para mantener el bienestar —dijo Peter Ashenden de Illinois, exejecutivo de la Alianza Estadounidense de Apoyo para la Depresión y el Síndrome Bipolar—. Es difícil verse uno mismo con franqueza y determinar qué se necesita para recuperarse, sobre todo por el sentimiento de haber perdido. Uno se pregunta: ‘¿Por qué estoy otra vez metido en esto?’

 

Ashenden señala que incluso personas como él, que se dedica a la capacitación y al apoyo en el sector de la salud mental, pueden ser presa del regreso del perro negro. Este invierno (que fue uno de los más fríos de las últimas décadas) fue de lo más arduo. Ashenden empezó a aislarse, abandonó sus hábitos sanos y subió más de quince kilos.

 

“Tengo todas esas habilidades, pero no las estaba poniendo en práctica” —dijo.

 

Las estadísticas indican que la mitad de las personas que se han recuperado de un acceso de depresión sufrirán una recaída. La cifra aumenta a setenta por ciento con dos accesos y se acerca a noventa por ciento con tres, según el doctor William R. Marchand, profesor médico asistente de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah.

 

Es muy complicado calcular el riesgo de una persona, porque la depresión es, de hecho, un término genérico para describir síntomas con diversas causas y que responden a intervenciones diferentes. En las personas que se deprimen por un cambio de vida (la llamada “depresión situacional” o, más formalmente, “síndrome de reacción al estrés”), es poco probable que reincidan los síntomas una vez que se ha resuelto la situación. En otros casos, la depresión es una enfermedad crónica que requiere un manejo constante, tal como un diabético tiene que vigilar sus concentraciones de insulina y apegarse a una alimentación correcta.

 

SOBRE LA OLA

El retorno de la depresión es una señal de que tus estrategias de manejo no están funcionando y de que tienes que hacer algunos cambios. Por ejemplo, es importante consultar al médico para ver si hay que ajustar las medicinas. Piensa en una psicoterapia breve de refresco o en otro método psicoterapéutico, uno que no hayas probado antes. Revisa tus hábitos de sueño, alimentación y ejercicio.

 

En todo caso, lo último que conviene hacer es sentir que tienes insuficiencias o que fracasaste por no haber “vencido” a la depresión.

“No hay fallas, sino que todo es autoconocimiento” —dice Iván Staroversky, psicoterapeuta y consejero de bienestar de Toronto.

 

Mientras tanto, si la depresión regresa, es lógico retomar las armas utilizadas en el primer acceso. Sobre todo, recuérdate que esto “también pasará”, aun si cuando estás en medio de una recaída no te parece verdad.

 

Robin Harvell, terapeuta particular en Indiana, hace una analogía con las olas: a veces parece que te arrastran, pero si te sostienes de lo que sabes que tienes (tus estrategias de afrontamiento, el apoyo de amigos y familiares), las olas se retiran y el agua vuelve a ser clara.

 

“Solo tienes que pasar por eso —dice—. Entre tanto, concédete el permiso de sentir lo que sientes. Casi siempre, nuestros sentimientos nos lastiman más cuando los negamos o cuando tratamos de apartarlos. Puedes decir: ‘son reales y son una porquería’, pero no permitas que se queden atorados.”

 

Larry de Tennessee trata de adoptar esa perspectiva cuando lo abruman sentimientos de pérdida y separación por los complejos problemas médicos de su esposa.

 

“Hay un enorme estrés, y una enorme desesperación y una enorme depresión” —dice Larry, que fue asesor de salud mental y ahora está retirado. Quizá siente que se hunde varias veces al año, pero se obliga a guardar cierta distancia y a no olvidar que volverá a enderezar la nave.

 

“Algo que aprendí es a no definirme por lo que me cuesta trabajo —explica—. Soy mucho más que aquello con lo que lucho. Lo que importa, lo que aprecio, la gente que quiero… nada de eso cambia solo porque estoy en una época difícil.”

 

El psicoterapeuta de Vancouver Rolf Schrader subraya la necesidad de verse uno mismo como aparte de los síntomas.

 

“Cuando se externaliza la depresión, ya no es tan agotadora —dice—. Puede uno verla como otra experiencia en la vida, como un protocolo de protección, y de esta manera darse un margen para sanar. Eso no quiere decir que ya no habrá otro acceso, sino que se convierte en algo que puede manejarse.”

 

EL EMPEÑO POR SEGUIR

Schrader alienta a sus clientes a ver la depresión no como una enemiga, sino como una maestra. Con este punto de vista, una recaída se convierte en una oportunidad para explorarse, para practicar la introspección, hacer ejercicios de escritura libre, entablar diálogos creativos con el terapeuta y otras técnicas “para aprender más acerca de lo que sirve y lo que no sirve”, en lugar de darle un golpe a la autoestima.

 

“Lo primero es aceptar el hecho de que hay una recaída. Hay que sacudirse y avanzar —dice—. No es una deficiencia, sino un tope en el camino. La realidad es que al no verla como algo negativo, no lastima tanto.¨

 

En el mismo tenor, Staroversky dice que el manejo de una recaída comienza haciéndose varias preguntas importantes en cuanto termina: ¿Cómo me la explico? ¿Qué aprendí? Ahora que sé esto, ¿qué puedo hacer diferente?

 

Entender qué da inicio a los síntomas de la depresión y detectarlos cuando están en el horizonte es crucial para prevenir un acceso grave. Según el Centro Nacional de Información sobre Salud Mental de Estados Unidos, los estímulos comunes de la depresión son las fricciones personales, la sensación de agobio, de ser juzgado o de ser criticado y el fin de una relación amorosa. También ocupan un lugar preponderante el estrés laboral y personal, la mala salud y los cambios importantes de la vida, aun si son gozosos, como el nacimiento de un hijo.

 

Leanne fue diagnosticada con depresión hace cuatro años. También sufre un raro padecimiento neurológico y su recuperación de la depresión se descarrilla si, por ejemplo, empieza a tener problemas para empujar el carrito de las compras o si ni siquiera puede ir al súper.

 

Agrava su frustración por la pérdida de independencia el sentimiento de culpa por tener que depender tanto del apoyo de su esposo y sus familiares.

 

Una de sus estrategias para contrarrestar las recaídas consiste en entregarse a su pasión de muchos años por hacer y editar videos. Leanne estudió periodismo y se especializó en televisión. Creció haciendo películas con su primo y ahora dirige dos canales de YouTube con una amiga de la infancia.

 

“Es un medio que conozco, así que me calma —dice—. Es lo único congruente cuando me encuentro en ese estado mental.”

 

Leanne también está atenta a las claves que indican que está perdiendo el piso. “Le presto más atención a mi cuerpo —explica—. Cada quién es diferente, pero tu cuerpo te dice de muchas formas cuándo necesita desacelerar y darle un reposo a la mente.”

 

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