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Cuando la ansiedad o la depresión enmascaran un problema médico

¿Qué pasa si los síntomas orgánicos de una persona se deben a un problema psicológico? ¿Cuánto tiempo pasa para que se descubra la verdadera causa?

Es completamente normal sentirse ansioso o deprimido al recibir el diagnóstico de una enfermedad grave. Ahora bien, ¿qué pasa cuando ocurre lo contrario?, cuando síntomas de ansiedad o depresión enmascaran un trastorno orgánico que todavía no se diagnostica. ¿O qué pasa si los síntomas orgánicos de una persona se deben a un problema psicológico? ¿Cuánto tiempo pasa para que se descubra la verdadera causa de los síntomas y se inicie el tratamiento adecuado?

 

El Psychiatric Times, una publicación médica que consultan unos 50,000 psiquiatras cada mes, publicó una “lista parcial” de 47 enfermedades médicas, de arritmias cardiacas a cáncer de páncreas, que pueden presentarse primero como ansiedad. A este elenco se sumó otra “lista parcial” de 30 categorías de medicamentos que pueden causar ansiedad, por ejemplo, ciertos antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina.

 

Estas listas eran parte de un artículo titulado “El manejo de la ansiedad en los enfermos”, dirigido a alertar a los especialistas en salud mental sobre la posibilidad de que algunos pacientes que buscan tratamiento para la ansiedad o la depresión tengan un padecimiento médico que deba atenderse para que se resuelvan los síntomas emocionales.

 

Los médicos que tratan padecimientos cardiacos, endocrinos o intestinales harían bien en leer este artículo, si no quieren causar un grave perjuicio a sus pacientes por no reconocer la causa emocional de los síntomas físicos o por no abordar los componentes emocionales de una enfermedad orgánica.

 

Por ejemplo, el doctor Yu Dong, psiquiatra del Hospital Inova Fairfax, en Virginia, y sus colegas señalaron en mayo de 2017 que pacientes con padecimientos respiratorios, como asma, apnea nocturna o embolismo pulmonar, se presentaban en el hospital con síntomas de ansiedad o bien que pacientes con síntomas cardiacos, como dolor de pecho o pulso acelerado, en realidad sufrían un trastorno de ansiedad.

 

El problema de no acertar el diagnóstico se debe a una separación de mucho tiempo entre las especialidades del ejercicio médico, que muchas veces limita la capacidad de los facultativos para distinguir los árboles del bosque, por decirlo así. Cardiólogos y gastroenterólogos están mal preparados para reconocer y tratar síntomas emocionales relacionados con una dolencia física, y es probable que los psiquiatras no consideren la posibilidad de que un paciente con síntomas de palpitaciones, cansancio o mareo tenga un mal orgánico.

 

Así, en 1996 los médicos del Instituto de Cardiología de Montreal dijeron que alrededor de una cuarta parte de 441 pacientes que llegaron a la sala de urgencias por dolor de pecho en realidad sufrían un trastorno de pánico, no una enfermedad del corazón. Por otro lado, una conocida mía que recibía tratamiento por ataques de pánico resultó con una anormalidad cardiaca. Cuando la corrigieron, los ataques de pánico desaparecieron.

 

Más aún, suele restarse importancia a la ansiedad como el origen de ciertos problemas (por ejemplo, la drogadicción) o como factor sintomático de diversos padecimientos (por ejemplo, la migraña o el síndrome del colon irritable).

 

La Clínica Mayo señala varios factores que apuntan a la posibilidad de que la ansiedad sea resultado de un trastorno médico de fondo:

  • Ninguno de sus familiares consanguíneos tiene un trastorno de ansiedad.
  • Usted no tuvo un trastorno de ansiedad en la infancia.
  • Su ansiedad apareció de la nada.
  • No evita ciertas cosas o situaciones por ansiedad.

 

La ansiedad persistente puede producir síntomas como mareo, náuseas, diarrea y micción frecuente. Las personas que sufren trastornos de ansiedad desarrollan también otros síntomas orgánicos, como dolor muscular, cansancio, jaquecas o falta de aliento, lo que lleva a practicar toda clase de pruebas caras en una búsqueda vana de una causa orgánica. Sin embargo, casi un tercio de las personas que sufren un trastorno de ansiedad nunca han recibido el tratamiento correspondiente.

 

El problema también afecta a los niños. Los trastornos pediátricos de ansiedad se manifiestan como dolores recurrentes de estómago o dificultades para dormir, con pesadillas frecuentes y bruxismo.

 

Cuando las personas tienen una enfermedad orgánica crónica, la ansiedad sin tratar puede empeorar los síntomas y dificultar el tratamiento de la enfermedad. Por ejemplo, entre los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la ansiedad sin tratar puede acarrear hospitalizaciones más frecuentes y dificultades respiratorias más agudas. Además, quienes sufren dolencias físicas y una ansiedad sin tratar tienen más probabilidades de morir prematuramente.

 

Quienquiera que tenga un padecimiento crónico y que presente los síntomas comunes de la ansiedad haría bien en examinar este componente emocional y, si fuera necesario, iniciar un tratamiento. Hay varios métodos terapéuticos eficaces para abordar la ansiedad, con medicamentos o terapia cognoscitiva conductual, que mejoran en buena medida la calidad de vida.

 

La depresión también puede ser un síntoma inicial de un padecimiento médico que todavía no se reconoce. Entre los padecimientos en que se presenta se encuentran la enfermedad tiroidea, ataque cardiaco, cáncer de pulmón y páncreas y un padecimiento adrenal, la enfermedad de Cushing.

 

En un informe de la revista Psychotherapy and Psychodynamics, investigadores de Italia y Estados Unidos señalaron que un trastorno neurológico como la esclerosis múltiple o la enfermedad de Parkinson pueden manifestarse primero como un problema psiquiátrico, años antes de que los síntomas neurológicos se vuelvan evidentes y se corrija el diagnóstico.

 

Los investigadores citaron un estudio de 30 pacientes con esclerosis múltiple, efectuado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts. En tres cuartas partes de los pacientes, el diagnóstico se demoró porque tenían síntomas de depresión mayor.

 

“Los médicos no siempre continúan las pruebas médicas de casos que parecen de índole psiquiátrica —escribieron—. Pero deben hacerse conscientes de que alteraciones del estado de ánimo, ansiedad e irritabilidad pueden anteceder a la aparición de un trastorno médico”.

 

Así, queda a los pacientes o a sus cuidadores sugerir al terapeuta que acaso algo aparte del problema emocional sea la causa de perturbaciones psiquiátricas que no responden a los remedios psiquiátricos habituales.

 

Conviene tener presente que los seres humanos no están divididos en dos organismos: uno orgánico y otro emocional. Mente y cuerpo son un único constructo en interacción: lo que pasa debajo de la cabeza afecta al cerebro y viceversa.

 

La práctica médica se ha tardado en asimilar lo que demostraron los curanderos mucho tiempo antes de la llegada de la moderna ciencia médica. Aunque aquellos curanderos no hayan tenido para administrar nada más potente que un placebo, a veces lograban tratar el cuerpo a través de la mente. Sus pacientes esperaban que el tratamiento obrara efecto, y lo obraba.

 

En la actualidad, cuando los investigadores estudian la eficacia de un tratamiento nuevo, incluyen un grupo de control que hace las veces de placebo para determinar los beneficios del remedio aparte de los inducidos por la creencia del paciente en que el nuevo medicamento funcionará.

 

 

Por: Jane E. Brody

Fuente: When Anxiety or Depression Masks a Medical Problem (NYTimes)

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